La economía colaborativa ya ha entrado con fuerza en actividades como el transporte privado de pasajeros (Uber, BlaBlaCar), el alquiler de alojamientos (Airbnb), los servicios financieros (crowdfunding, préstamos privados online), los servicios personales (TaskRabbit) o los servicios profesionales (crowdsourcing, Elance).

Para algunos, la aparición de estos nuevos operadores y modelos de negocio no es más que la consecuencia lógica de adaptar la oferta a los cambios en la demanda y en los hábitos de consumo. Para otros, son un tipo de competencia desleal que hay que frenar y combatir legalmente.

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El auge del fenómeno colaborativo…

¿A qué nos referimos cuando hablamos de economía colaborativa? Básicamente, el intercambio de todo tipo de bienes y servicios entre particulares, de individuo a individuo (“Peer-to-Peer” o P2P), gracias a las plataformas online que conectan oferta y demanda a tiempo real. En realidad, la economía colaborativa (digital) empezó hace ya varias décadas: “ahí está el ejemplo de eBay”. Lo que ocurre es que ese “trueque digital” se ha ido sofisticando y extendiendo a otros tipos de actividades y sectores.

Conceptualmente, la economía colaborativa es el resultado de la creciente digitalización de la sociedad, del acceso global a los recursos que eso permite y de la democratización de la oferta que de ello se deriva. Esos son los fundamentos teóricos.
…y sus consecuencias

En la práctica, las consecuencias de la aplicación de esta filosofía a los nuevos modelos de negocio online son:

  • Una redefinición de la proposición de valor: la tecnología hace viables cosas que antes eran imposibles.
  • Una mayor eficiencia: se optimizan los recursos porque oferta y demanda se casan en tiempo real.
  • La existencia de menores barreras de entrada: se democratizan y se comparten también los recursos necesarios para crear, desarrollar y distribuir una idea de negocio en el mercado.

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En algunos sectores, este nuevo paradigma ya ha provocado el levantamiento de los operadores incumbentes. Así ha ocurrido en España con el sector del taxi, que está en contra del servicio de Uber, una aplicación que pone en contacto a usuarios con conductores privados.

Según un estudio realizado por una consultora en EE. UU. sobre el perfil del usuario de Uber, en algunas ciudades “los conductores ganan más dinero con un producto como UberX (una versión de bajo coste) que trabajando en el sector del taxi, siendo el precio entre un 20 y un 40% más barato”. Así que él lo tiene claro: “en el futuro, la gente va a poseer menos y compartir más”.

Izaskun Larrea Manzarbeitia

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